Después de la oleada de críticas que les han caído encima, el gobierno municipal de Pontevedra afloja, se lo repiensa y admite que cabría plantearse alguna medida que corrija el desvarío en el que han entrado las llamadas noches de «peñas» en la ciudad.

Pero tampoco parecen convencidos a modificar el rumbo drasticamente. El discurso de Carme da Silva, la concejala de Fiestas del Concello sigue instalado en la autocomplacencia sin admitir las criticas de hosteleros, vecinos y oposición municipal que acusan al gobierno de Lores de ignorar el desmadre en el que ha entrado este fenómeno de las «peñas» en Pontevedra, que en realidad encubre un macro botellón infantil y juvenil descontrolado.

La concejala de Fiestas se limitó a admitir este lunes, durante una comparecencia informativa, que cabria  «valorar la instalación de urinarios y un reforzamiento de la limpiueza viaria durante los dos fines de semana de las peñas». Pero nada más. Ninguna referencia a los excesos ni a la posibilidad de limitar el espacio de estos macro botellones. Por el contrario: la concejala de Fiestas se limitó a ensalzar «el abarrote de la ciudad en los priemros días de la Semana Grande de las Fiestas» que definió como «tranquilo».